El incremento acumulado durante marzo en los combustibles líquidos arrastró al gas, que ahora presiona los costos operativos de quienes trabajan al volante en Santa Fe.
Las estaciones de servicio de la ciudad de Santa Fe amanecieron con nuevos valores en sus carteleras, confirmando un secreto a voces: el GNC se encamina rápidamente a romper la barrera de los mil pesos. La suba, que promedia los $50 en los últimos días, es consecuencia directa del efecto arrastre provocado por el encarecimiento de la nafta y el gasoil.
El escenario actual presenta un metro cúbico a $989, una cifra que altera drásticamente la estructura de gastos de las agencias de traslados y de los conductores independientes. Los referentes del rubro explican que la brecha entre los ingresos por viajes y el costo de mantenimiento de los vehículos se ha reducido al mínimo, volviendo la rentabilidad casi nula. Ante esta presión inflacionaria, los puntos clave que barajan en el sector son:
- El impacto directo en el consumo diario de las unidades de transporte público.
- La inminente presentación de un reclamo formal en la Municipalidad para retocar el cuadro tarifario vigente.
- La caída en la demanda de viajes si el traslado del costo al pasajero se concreta de forma brusca. Mientras los combustibles líquidos superaron el 20% de incremento mensual, el gas comprimido intenta mantener cierta distancia competitiva, aunque los ajustes frecuentes están erosionando ese beneficio para el usuario santafesino.
El panorama para el transporte urbano de pasajeros se torna cada vez más incierto, mientras los surtidores reflejan una realidad económica que no parece encontrar su techo en el corto plazo.
